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Mostrando entradas de 2015

Mi sueño, tu pesadilla.

Un señor iguana entra por la ventana. No sopla el viento fuera y apenas hay luz dentro, el naranjo tapa la luz del sol y es temprano para encender la lámpara. La fiesta continúa, Iguana me sonríe y con una mirada queda todo dicho. Es amor de pesadilla. "Físicamente, no aparentaba mucho más de veintiséis años, pero existía en ella algo que sugería edad, algo típico de una persona que ha vivido mucho, no canas ni ninguno de esos indicios puramente materiales, sino algo indefinido y seguramente de orden espiritual; quizá la mirada, pero ¿hasta qué punto se puede decir que la mirada de un ser humano es algo físico?; quizá la manera de apretar la boca, pues, aunque la boca y los labios son elementos físicos, la manera de apretarlos y ciertas arrugas son también elementos espirituales." Un remolino de acontecimientos llevan al señor iguana al suicidio, años después. "El suicidio seduce por su facilidad de aniquilación: en un segundo, todo este absurdo universo se de...

Marioneta

Miraba con sorpresa y miedo las cuerdas rotas que acababan de caer al suelo. Detrás sus manos habían dado un tirón hacia el suelo, la gravedad. Después la boca contra el suelo, el ostión. Sin músculos con los que levantarse, intentaba apoyarse en los bordes de la caja para coger fuerzas. Lloraba en silencio y resignada observaba desde dentro la luz que brillaba fuera. Recordaba maravillosos escenarios llenos de colores, el sonido de la música y la satisfacción de salir a escena. Ahora ya no valía nada porque sin cuerdas para que la manejasen, en libertad, no era más que cinco trozos de pino con pintura de colores y pelo de lana amarilla. Amontonada en la caja sobre sí misma,como escombros tras la bomba, la marioneta aceptó que ya no más era marioneta y aprendió a ser muñeca, que tampoco está tan mal...

Recopilación de sentimientos.

9.Enero.2011 Leo entre mis escritos. Absurdo e infructuoso, lo que hay escrito, me hace ver la fragilidad de mis intentos por curar la llaga que yo misma me provoco. Sin mi mente pesimista no hay herida, ni herida ni arma que la pueda provocar. En mi cabeza, mi entorno se me antoja destructor y, en mi egocentrismo, sin más intención que la de herirme, a mí. Soy yo la que se destruye a sí misma, con cada pensamiento, con cada palabra en ese cuaderno,yo la que se hiere provocando la llaga que sangra, la que la infecta del barro putrefacto de mis malos pensamientos. ¡Basta ya de lamentarse!, ¿ A qué viene tanto victimismo? 10.Enero. 2011 No sé por qué me miras con esa cara;esos ojos llorosos, enrojecidos de tanto mar; ese labio que te tiembla, dejando que se te caiga la baba como a un bebé; del color de tu piel mejor ni hablemos, más roja que un tomate... Odio que me hables con esos espasmos que te dan cada vez que coges aire, que murmures "joder,joder,joder"...

Deformación profesional

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La reeducación me está consumiendo. Todo ha cambiado completamente: nueva rutina y forma de vivir. Entre la pasión, la presión de los demás y la mía propia, los miedos y las metas ,la ilusión, mis ganas, la desmotivación y la alegría... Soy un tren a plena potencia chirriando por unos raíles de hierro al rojo vivo. Poco me importa, parece, todo lo demás y es que siento que no tengo nada más allá de los fogones, me frustra pero me encanta. Éso y mi evolución y maduración personal en todos los aspectos de mi vida, las cosas que ya no puedo ignorar, mis contradicciones, la cada vez más irreversible Marta en la que me estoy convirtiendo. ¿Quién soy? ¿Y quién quiero ser? ¿Qué quiero? Qué apasionante es la existencia, y qué corta. Cuánto me queda por aprender, la idea de lo que está por venir y no se anuncia. Las personas que todavía no han llegado , que ya andan haciendo sus vidas por ahí...

Llegó Julio y acabó Julio.

Tic-tac, tic-tac, tic-tac. Campanas. Campanas a 'en punto' , a 'y cuarto', a 'y media', 'menos cuarto' .Campanas a 'en punto'. Martes, miércoles, jueves, viernes y sábado. Domingo, lunes. Otra semana, otra, otra, otra... Se fue otro mes. Los trenes van pasando, todos los días, todos los trenes. Sale el sol, llueve, hace viento(brisa de verano, o la tormenta cuando va llegando). Apenas miro a las estrellas, apenas me fundo con lo natural. La luna ya no sé si mengua, siempre que me fijo la veo llena. La marea sube y baja. Suena el despertador todos los días- pasan los trenes . 'Marta, despierta'.

Creando #4

Aquella bicicleta ll evaba fastidiándole un buen rato, iba con las manos ásperas por culpa de la grasa de la cadena(se había salido al principio de la ruta), que mezclada con el polvo del camino le provocaba una sensación de lo más desagradable.  Subía por la loma de una colina infinita, o al menos eso le parecía. Claro, que con la rueda pinchada el avance se tornaba cuanto menos pernicioso: ya se había caído cuatro veces.  Al fin llegó al otro lado, la cuesta abajo tan esperada. El paisaje que tanto le gustaba. Todo color amapola y margarita, los olmos flanqueando el camino y refrescando con su sombra.  La bici que baja con la rueda pinchada, aunque sin esfuerzo. El vestido que ondea(lleno de grasa, pero no importa).  Al llegar a casa. -Hija, ¿dónde te has metido? ¡Cómo se te ocurre con ese vestido tan bonito!  Y la abuela,  desde su silla mecedora, senil y feliz, aparentemente ajena y abstracta. No puede más que contemplar el ramo rojo y amarillo ...

Vivir a la deriva...

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Nuestra historia era como esas de las películas en las que no puedes evitar que se te escapen las lágrimas. La trama estaba llena de idas y venidas, de problemas de fácil solución invisible para los protagonistas. Nos queríamos con una intensidad que en la vida real no debe existir, la misma intensidad que nos hería cada vez que nos hacíamos daño. Parecíamos aburridos, a veces, y nos gustaba jugar a tensar la cuerda una y otra vez, porque al destensarla una fuerza aparentemente infinita nos unía y nos fusionaba de nuevo. Solíamos pensar que la cuerda era irrompible, hasta que nuestro aburrimiento y nuestra enfermedad acabó por pudrirla y corromper hasta la última fibra; se rompió. Se rompió, y los crujidos me invadieron el cuerpo y la mente, como la onda expansiva de una gran bomba. Me arrepentí muchas veces de no haberlo sabido ver, de no haber cogido la cuerda, cuando aún estaba a tiempo, y haberle hecho un nudo margarita, que sirve precisamente para reforzar la cuerda que s...

Abril de 2011.

Y cuando empezó a llover, todo a mi alrededor empezó a burbujear con el murmurar de lo que efervece.  Las piedras empezaron a deshacerse, el suelo era ya una espuma blanca humeante de vapor; mis pies, que lo pisaban, teñían mis huellas del color marrón de las suelas de mis zapatos. En cuanto empecé a notar burbujas en mi piel salí corriendo en busca de alguna zona que el agua no tocase; bajo aquel árbol encontré cobijo por un tiempo, hasta que se deshizo. La imagen era desoladora, todo cuanto mi vista alcanzaba estaba cubierto por aquella espuma blanca, observaba montículos que yo suponía árboles o rocas en plena efervescencia. La lluvia se lo fue llevando todo y sólo quedaba yo, desnuda y con frío. Debió darme fiebre y caí dormida. Cuando desperté todo estaba cubierto por hierba verde, incluso yo misma. Intenté andar, pero no pude, me habían crecido raíces en los pies.

Mi vida ha cambiado.

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Ahora me siento colgando en medio de la nada, en el universo. La inmensidad de todo lo posible me abruma a veces. Como astronauta, enciendo a veces mi mochila de propulsión y avanzo en direcciones que se me antojan. Las estrellas brillan fijas y, a lo lejos, observo La Tierra, que era mi casa. A ratos quisiera volver, pero ya está a años luz y no pienso envejecer para volver a la línea de salida- y encontrarme con nada. Por el camino esquivo agujeros negros y asteroides, no me va mal, voy ganando práctica. Voy en busca del nuevo planeta que considerar casa, sé que desde aquí ya lo tengo a la vista, pero aún no sé cuál de todos éstos es el mío: si ése rojo y púrpura, o el de más allá verde y espumoso, quizás ese azul tan parecido... ¡Son todos tan bonitos! This is so awesome: future .

El zumo de la mañana.

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Miro desde la ventana a tu puerta, que da a la calle. Aparentemente no hay nadie, pero yo sé que tú, desde tu puerta, miras la calle por la mirilla. Alcanzas a ver a una vieja con bastón y cargada con la compra. Por detrás se le cruza un perro, que ladra con voz aguda, tensamente atado a un dueño que fuma marihuana y se deja llevar de paseo. Justo pasa un coche, y una moto, suena el claxon y las naranjas caen al suelo. La vieja se ha llevado un susto de aúpa. Entonces sales de tu puerta, con la bolsa de basura, miras a la vieja agachada recogiendo sus naranjas, y las naranjas aplastadas contra el asfalto. Te llega el olor a zumo, como el que te hacía tu madre por las mañanas, y no puedes evitar agacharte recoger alguna y devolvérsela. Y ahora cruzas la calle, dirección al contenedor-mira que no hay que tirar la basura por las mañanas.  Ya tiraste la basura, te enciendes tu pitillo-sin marihuana, y sales silbando camino de la playa.

He dormido dos horas...

Este tipo de siestas telaraña me sumen en la tristeza. Me recuerdan lo que fue dormir para soñar y huir de la realidad. Soñar como escape y muerte. El sueño infinito que te atrapa y no te suelta, que deja al despertar la desolación de todo lo soñado que desaparece. El calor de las sábanas que te adormece y no te deja despertar, la soledad que espera fuera-entonces auto impuesta. Hoy no quiero hacer nada  y es como entonces, que no me salían las ganas. Pero hoy todo ha cambiado. Ya no me vuelvo a dormir.

"La felicidad no se consigue sentándose a esperarla."

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No suena la garra cuando toca el suelo, pero la huella queda plasmada en la arena. Onza se queda quieta un momento mirando el árbol, toma impulso, y en un movimiento elegante pega un salto. Se encarama por el tronco hasta llegar a la rama. Y, ya desde lo alto, observa lo que quedó abajo. Me planteo una y otra vez la serie de acontecimientos que me han llevado a donde estoy. Yo de pequeña soñaba con ser el héroe de las películas, me gustaba ser fuerte. También me gustaba bailar, y mi color favorito era el rosa-¡el rosa mi color favorito! Disfrutaba de la naturaleza: la montaña, el campo y el bosque, los árboles, las flores, la hierba y las rocas, los ríos y el mar. He crecido en una familia unida y equilibrada; con unas hermanas buenas: buenas hermanas y grandes personas, hemos aprendido juntas entre risas, alguna que otra pelea, y momentos espirituales. Tenemos la suerte de tener unos padres que nos quieren y nos valoran, que nos han animado siempre a dar lo mejor de nosotras ...