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Mostrando entradas de marzo, 2018

Círculo cerrado.

I   Y cuando empezó a llover, todo a mi alrededor empezó a burbujear con el murmurar de lo que efervece.   Las piedras empezaron a deshacerse, el suelo era ya una espuma blanca humeante de vapor; mis pies, que lo pisaban, teñían mis huellas del color marrón de las suelas de mis zapatos. En cuanto empecé a notar burbujas en mi piel salí corriendo en busca de alguna zona que el agua no tocase; bajo aquel árbol encontré cobijo por un tiempo, hasta que se deshizo. La imagen era desoladora, todo cuanto mi vista alcanzaba estaba cubierto por aquella espuma blanca, observaba montículos que yo suponía árboles o rocas en plena efervescencia. La lluvia se lo fue llevando todo y sólo quedaba yo, desnuda y con frío. Debió darme fiebre y caí dormida. Cuando desperté todo estaba cubierto por hierba verde, incluso yo misma. Intenté andar, pero no pude, me habían crecido raíces en los pies. II Me miraba las raíces, me las ingeniaba para desencajarme los hombros ...
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Tengo los ojos muy abiertos, desenfocados en mitad de la noche. Me alumbra una vela, y el silencio llena todos los rincones inhabitados a mi alrededor. Crepita un poco la llama y me estremece el fin que se acerca, poco a poco, el fuego llegará a apagarse. Hay rincones inhabitados llenos de silencio, y hay en mi alma un agujero negro que me lleva al infinito. Un vacío infinito me llena por dentro. Contradicción constante. Logro, una y otra vez, llenar de aire mis pulmones. Me da pena la vida de tanto que me fascina. Cuántos esfuerzos para acabar siempre en el polvo, flotando en el todo y en la nada. Algo me incita a escapar y no tengo más motivos que la huida.