El zumo de la mañana.

Miro desde la ventana a tu puerta, que da a la calle.
Aparentemente no hay nadie, pero yo sé que tú, desde tu puerta, miras la calle por la mirilla.

Alcanzas a ver a una vieja con bastón y cargada con la compra. Por detrás se le cruza un perro, que ladra con voz aguda, tensamente atado a un dueño que fuma marihuana y se deja llevar de paseo.
Justo pasa un coche, y una moto, suena el claxon y las naranjas caen al suelo. La vieja se ha llevado un susto de aúpa.

Entonces sales de tu puerta, con la bolsa de basura, miras a la vieja agachada recogiendo sus naranjas, y las naranjas aplastadas contra el asfalto. Te llega el olor a zumo, como el que te hacía tu madre por las mañanas, y no puedes evitar agacharte recoger alguna y devolvérsela.

Y ahora cruzas la calle, dirección al contenedor-mira que no hay que tirar la basura por las mañanas.
 Ya tiraste la basura, te enciendes tu pitillo-sin marihuana, y sales silbando camino de la playa.

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