Miró atrás un momento y luego se acercó hacia la orilla del mar, dejó que mojase sus pies cansados. Se sentó a esperar que un rayo de luna le iluminase las ideas y ordenase todo lo que parecía desordenado. Las olas sonaban rompiendo el vacío del sonido, y su rumor le fue llenando de calma. En el retroceso del agua todas las inquietudes se fueron retirando, cada ola limpiaba lo que la anterior no había conseguido llevarse. Incansables, incesantes. Las estrellas brillaban tintineantes, la luna estaba en lo alto, pero las horas fueron pasando y La Tierra siguió rotando, cambiando la perspectiva. La luna ya caía y al borde del mar, a lo lejos, se vislumbraba la primera luz de un nuevo día.
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Mostrando entradas de marzo, 2017
Las huellas del camino.
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Con los pies descalzos, endurecidos por el calor de las piedras que abrasan, la grava que se clava, el agua, la tierra... Pasaba corriendo de piedra en piedra por el camino del jardín, me las conocía de memoria, orgullosa me retaba a mí misma cuando trataba de cruzar el tramo hasta el trastero con los ojos cerrados. Y lo conseguía. En verano, justo antes de las vacaciones, llegaba a casa, tiraba la mochila al borde de la piscina y me lanzaba, con ropa, a refrescarme. Carcajadas. Me encantaba jugar a hacer hogueras espirituales y rituales secretos con Lucía. Lavanda, palitos de brezo, piedras y cera de velas. Clavos que simbolizaban seres queridos y que clavábamos para recordarlos siempre, para que perdurasen-pero nada dura para siempre. Disfrutaba tanto despertándome y desayunando al fresco mañanero, pisando las traviesas del huerto... Se me llenaban las plantas de resina que luego me cubría con tierra para quitarla de mi piel. A veces, antes de dormir, "me escapaba...