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Mostrando entradas de agosto, 2017

La libertad.

Si me hubiesen dicho hace cuatro años que iba a ser lo que soy ahora no lo habría creído. Me hubieran puesto un espejo del futuro delante y yo, incrédula, habría reído de tan "imposible" imagen. Hay que mirar palante y seguir, y vivir lo que se viene. Lo he vivido, he evolucionado hacia un Yo feliz que siente orgullo de sí mismo. Es una cuesta que hay que subir, coger las cuerdas que están atadas a todas tus dificultades-que son un bloque pesado y enorme, cargárselo a los hombros y arrastrarlo todo cuesta arriba. No hay ayuda, no puedes parar, hay que seguir. Ser valiente y seguir tirando, aunque parezca que desfalleces y no puedes más. Al final llegas a la cima, y allí puedes abandonar tus pesos, tus miedos y tus fantasmas. Tienes los músculos fortalecidos y la mente serena. Has desfogado por el camino todos los nervios, has llorado, te has arrastrado a ratos colina abajo y tienes las rodillas llenas de raspones. ¡La subida te ha costado lo nunca escrito! He llora...
Me cuesta entender los sentimientos de unas personas por otras,  ciertos tipos de amor , y suelo banalizar acerca de todo ello. Quizás no debería. Entro en conflicto conmigo cuando me nacen sentimientos de este tipo, o cuando los reconozco en personas importantes para mi. Estoy llena de anhelos que me incomodan, me planteo si algunos de ellos son constructos sociales o son naturales. Me angustia pensar que estoy dirigida por necesidades banales y sin sentido, que pueda haber dentro de mi conductas tan aprendidas que no sea capaz de reconocerlas, por lo arraigadas que puedan estar en mi subconsciente. Nuestra especie-nuestra sociedad- me parece exageradamente egocéntrica y con grandes delirios de grandeza. Mire dónde mire, o desde dónde mire, veo dramas y morbo. Somos mucho más simples que todo eso, la vida es mucho más simple y debería estar en armonía con todo el universo, con el medio natural. La vida no debería estar tan forzada a ser algo tan lejano a la muerte, por ejemp...

Proemio I

Llovía mucho fuera, oía el agua correr abajo, en la calle, y los relámpagos iluminaban todo al estallar. Aún tenía frío, por eso se acercó a la chimenea y dejó que poco a poco el calor invadiese su cuerpo. Si se hubiese observado desde atrás habría podido ver como el vapor salía de su pelo. -Nos veremos en primavera. Aún tenía en la mente su sonrisa y sus ojos de la despedida. Ojalá pudiese haberle dicho la verdad: ya no se verían nunca. Pero no fue capaz. Al día siguiente la casa aún olía a leña, aunque pocas ascuas quedaban entre las cenizas. En cinco horas estaría volando con destino Madrid, y todo habría quedado atrás. Agarró la maleta, una vez más, y salió de aquella casa por última vez.