La libertad.
Si me hubiesen dicho hace cuatro años que iba a ser lo que soy ahora no lo habría creído. Me hubieran puesto un espejo del futuro delante y yo, incrédula, habría reído de tan "imposible" imagen. Hay que mirar palante y seguir, y vivir lo que se viene. Lo he vivido, he evolucionado hacia un Yo feliz que siente orgullo de sí mismo. Es una cuesta que hay que subir, coger las cuerdas que están atadas a todas tus dificultades-que son un bloque pesado y enorme, cargárselo a los hombros y arrastrarlo todo cuesta arriba. No hay ayuda, no puedes parar, hay que seguir. Ser valiente y seguir tirando, aunque parezca que desfalleces y no puedes más. Al final llegas a la cima, y allí puedes abandonar tus pesos, tus miedos y tus fantasmas. Tienes los músculos fortalecidos y la mente serena. Has desfogado por el camino todos los nervios, has llorado, te has arrastrado a ratos colina abajo y tienes las rodillas llenas de raspones. ¡La subida te ha costado lo nunca escrito! He llora...