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Mostrando entradas de 2019
Este año ha sido tan relevante para mí que lo vengo acabando con casi todas las luces apagadas. Ha estado cargado de decepciones continuas, primero hacia la que era (quizás siga siendo, no lo sé) mi profesión, y luego hacia las relaciones personales. La sociedad ya no puede decepcionarme porque ya no espero nada de ella, aunque conservo la rabia que surgió en cada decepción. Esta forma de fortaleza interna, la rabia, me mantiene a veces a flote, incluso a pie de cañón, otras veces me hunde en mis propias tinieblas de luces apagadas. La rabia puede ser poderosa, pero es fugaz en cada uno de sus instantes. Me deja vacía y débil. Soy una Marta vacía y débil, rabiosa. Cada vez estoy más convencida de la absurdez de nuestra especie. Cerramos los ojos y apagamos luces para no ver. Nos mueven el amor y el miedo, que quizás son la misma cosa. Creo que esto acabará y volveré a ser una Marta fuerte y débil de forma equilibrada. Cuando se vaya la rabia y, poco a poco, encienda las luces ...
Celia va caminando despacio por el sendero a casa, no deja de darle vueltas a la cabeza y se pregunta hasta cuándo seguirán pasando los días sin importancia. La belleza alrededor es absoluta, corre la brisa de la primavera y el sol poco a poco se oculta tras los árboles que crecen a esta y aquella orilla del río; a lo lejos puede ver aves migratorias llegando desde tierras lejanas para pasar aquí el verano. Y se pregunta si no podría ser ella como una de esas aves, y volar muy lejos cuando el frío emocional la quema por dentro. Está vacía en el centro de un remolino gigantesco, todas las cosas se precipitan hacia ella en espiral; pero ella sigue ahí parada, sin sentir nada y a punto de consumirse al derretir toda la cera, como la mecha finita que no para de arder. Aquí dobla el sendero, y ella atraviesa ahora el prado en la dirección que traía, se desvía de lo trazado. Algunas malas hierbas que han crecido le pinchan los tobillos y probablemente le producen urticaria. Sigue colina...
Al final concluí que yo era en gran parte como la media, que mi cuerpo no era demasiado gordo o flaco. Que todas mis torpezas eran propias de mi especie, así como mis logros y miedos. Mi vida pasaría por la historia como una hoja que cae del árbol en otoño, con la misma inmutable gravedad se posarían todos mis huesos en la tierra, y la misma indiferencia sería para el transcurso del tiempo. Tan necesaria e innecesaria a todas las cosas, como ellas para mí. Y tú, que serías lo mismo sin ser yo, no pudiste sino precipitarte a la nada desde la nada.