"La felicidad no se consigue sentándose a esperarla."
No suena la garra cuando toca el suelo, pero la huella queda plasmada en la arena.Me planteo una y otra vez la serie de acontecimientos que me han llevado a donde estoy.
Onza se queda quieta un momento mirando el árbol, toma impulso, y en un movimiento elegante pega un salto. Se encarama por el tronco hasta llegar a la rama.
Y, ya desde lo alto, observa lo que quedó abajo.
Yo de pequeña soñaba con ser el héroe de las películas, me gustaba ser fuerte. También me gustaba bailar, y mi color favorito era el rosa-¡el rosa mi color favorito!
Disfrutaba de la naturaleza: la montaña, el campo y el bosque, los árboles, las flores, la hierba y las rocas, los ríos y el mar.
He crecido en una familia unida y equilibrada; con unas hermanas buenas: buenas hermanas y grandes personas, hemos aprendido juntas entre risas, alguna que otra pelea, y momentos espirituales. Tenemos la suerte de tener unos padres que nos quieren y nos valoran, que nos han animado siempre a dar lo mejor de nosotras mismas para conseguir aquello que nos propongamos.
Ha pasado todo muy rápido, no ha sido fácil, tampoco difícil, aunque han habido momentos que parecían inmensos- aquel lago negro y lleno de un líquido espeso... Todo pasa (y todo queda). No me olvido.
Soy muy consciente de quién soy y el punto en el que estoy. Tengo claro a dónde quiero llegar y de dónde vengo. Así que estoy convencida de que mi futuro saldrá bien, sé que puedo hacerlo.
Voy a por ello, me queda mucho por aprender y eso me encanta.
Donosti me espera. Llegó el momento de salir del cubil, dejar la patrulla, desvestirse y ser esencia aborigen...
Remar mi propia canoa, andar el camino, sembrar las semillas.
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