Entradas

Mostrando entradas de mayo, 2015

Vivir a la deriva...

Imagen
Nuestra historia era como esas de las películas en las que no puedes evitar que se te escapen las lágrimas. La trama estaba llena de idas y venidas, de problemas de fácil solución invisible para los protagonistas. Nos queríamos con una intensidad que en la vida real no debe existir, la misma intensidad que nos hería cada vez que nos hacíamos daño. Parecíamos aburridos, a veces, y nos gustaba jugar a tensar la cuerda una y otra vez, porque al destensarla una fuerza aparentemente infinita nos unía y nos fusionaba de nuevo. Solíamos pensar que la cuerda era irrompible, hasta que nuestro aburrimiento y nuestra enfermedad acabó por pudrirla y corromper hasta la última fibra; se rompió. Se rompió, y los crujidos me invadieron el cuerpo y la mente, como la onda expansiva de una gran bomba. Me arrepentí muchas veces de no haberlo sabido ver, de no haber cogido la cuerda, cuando aún estaba a tiempo, y haberle hecho un nudo margarita, que sirve precisamente para reforzar la cuerda que s...

Abril de 2011.

Y cuando empezó a llover, todo a mi alrededor empezó a burbujear con el murmurar de lo que efervece.  Las piedras empezaron a deshacerse, el suelo era ya una espuma blanca humeante de vapor; mis pies, que lo pisaban, teñían mis huellas del color marrón de las suelas de mis zapatos. En cuanto empecé a notar burbujas en mi piel salí corriendo en busca de alguna zona que el agua no tocase; bajo aquel árbol encontré cobijo por un tiempo, hasta que se deshizo. La imagen era desoladora, todo cuanto mi vista alcanzaba estaba cubierto por aquella espuma blanca, observaba montículos que yo suponía árboles o rocas en plena efervescencia. La lluvia se lo fue llevando todo y sólo quedaba yo, desnuda y con frío. Debió darme fiebre y caí dormida. Cuando desperté todo estaba cubierto por hierba verde, incluso yo misma. Intenté andar, pero no pude, me habían crecido raíces en los pies.

Mi vida ha cambiado.

Imagen
Ahora me siento colgando en medio de la nada, en el universo. La inmensidad de todo lo posible me abruma a veces. Como astronauta, enciendo a veces mi mochila de propulsión y avanzo en direcciones que se me antojan. Las estrellas brillan fijas y, a lo lejos, observo La Tierra, que era mi casa. A ratos quisiera volver, pero ya está a años luz y no pienso envejecer para volver a la línea de salida- y encontrarme con nada. Por el camino esquivo agujeros negros y asteroides, no me va mal, voy ganando práctica. Voy en busca del nuevo planeta que considerar casa, sé que desde aquí ya lo tengo a la vista, pero aún no sé cuál de todos éstos es el mío: si ése rojo y púrpura, o el de más allá verde y espumoso, quizás ese azul tan parecido... ¡Son todos tan bonitos! This is so awesome: future .

El zumo de la mañana.

Imagen
Miro desde la ventana a tu puerta, que da a la calle. Aparentemente no hay nadie, pero yo sé que tú, desde tu puerta, miras la calle por la mirilla. Alcanzas a ver a una vieja con bastón y cargada con la compra. Por detrás se le cruza un perro, que ladra con voz aguda, tensamente atado a un dueño que fuma marihuana y se deja llevar de paseo. Justo pasa un coche, y una moto, suena el claxon y las naranjas caen al suelo. La vieja se ha llevado un susto de aúpa. Entonces sales de tu puerta, con la bolsa de basura, miras a la vieja agachada recogiendo sus naranjas, y las naranjas aplastadas contra el asfalto. Te llega el olor a zumo, como el que te hacía tu madre por las mañanas, y no puedes evitar agacharte recoger alguna y devolvérsela. Y ahora cruzas la calle, dirección al contenedor-mira que no hay que tirar la basura por las mañanas.  Ya tiraste la basura, te enciendes tu pitillo-sin marihuana, y sales silbando camino de la playa.