Vivir a la deriva...
Nuestra historia era como esas de las películas en las que no puedes evitar que se te escapen las lágrimas. La trama estaba llena de idas y venidas, de problemas de fácil solución invisible para los protagonistas. Nos queríamos con una intensidad que en la vida real no debe existir, la misma intensidad que nos hería cada vez que nos hacíamos daño. Parecíamos aburridos, a veces, y nos gustaba jugar a tensar la cuerda una y otra vez, porque al destensarla una fuerza aparentemente infinita nos unía y nos fusionaba de nuevo. Solíamos pensar que la cuerda era irrompible, hasta que nuestro aburrimiento y nuestra enfermedad acabó por pudrirla y corromper hasta la última fibra; se rompió. Se rompió, y los crujidos me invadieron el cuerpo y la mente, como la onda expansiva de una gran bomba. Me arrepentí muchas veces de no haberlo sabido ver, de no haber cogido la cuerda, cuando aún estaba a tiempo, y haberle hecho un nudo margarita, que sirve precisamente para reforzar la cuerda que s...