Marioneta

Miraba con sorpresa y miedo las cuerdas rotas que acababan de caer al suelo. Detrás sus manos habían dado un tirón hacia el suelo, la gravedad. Después la boca contra el suelo, el ostión.

Sin músculos con los que levantarse, intentaba apoyarse en los bordes de la caja para coger fuerzas. Lloraba en silencio y resignada observaba desde dentro la luz que brillaba fuera. Recordaba maravillosos escenarios llenos de colores, el sonido de la música y la satisfacción de salir a escena.

Ahora ya no valía nada porque sin cuerdas para que la manejasen, en libertad, no era más que cinco trozos de pino con pintura de colores y pelo de lana amarilla.

Amontonada en la caja sobre sí misma,como escombros tras la bomba, la marioneta aceptó que ya no más era marioneta y aprendió a ser muñeca, que tampoco está tan mal...

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