Al final concluí que yo era en gran parte como la media, que mi cuerpo no era demasiado gordo o flaco. Que todas mis torpezas eran propias de mi especie, así como mis logros y miedos. Mi vida pasaría por la historia como una hoja que cae del árbol en otoño, con la misma inmutable gravedad se posarían todos mis huesos en la tierra, y la misma indiferencia sería para el transcurso del tiempo. Tan necesaria e innecesaria a todas las cosas, como ellas para mí. Y tú, que serías lo mismo sin ser yo, no pudiste sino precipitarte a la nada desde la nada.
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