He dormido dos horas...

Este tipo de siestas telaraña me sumen en la tristeza. Me recuerdan lo que fue dormir para soñar y huir de la realidad. Soñar como escape y muerte.

El sueño infinito que te atrapa y no te suelta, que deja al despertar la desolación de todo lo soñado que desaparece.
El calor de las sábanas que te adormece y no te deja despertar, la soledad que espera fuera-entonces auto impuesta.

Hoy no quiero hacer nada
 y es como entonces, que no me salían las ganas.
Pero hoy todo ha cambiado. Ya no me vuelvo a dormir.

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