"Pues vete de puntillas y apaga las luces"

I

 Los portazos resonaban siempre creando una especie de eco en el pasillo, haciendo retumbar las paredes y titilar las copas en el armario del salón.

¿Cuánta veces habría aguantado la respiración? Después un torrente salado, las lágrimas le cruzaban la cara hasta encharcar el suelo.

II

En un claro de bosque, bajo el ciruelo que el troll había zarandeado, se oían los gruñidos lascivos, mientras se relamía engullendo toda la fruta que le cabía en su enorme y redonda barriga. Después, con  los labios rezumando almíbar, soltaba un enorme eructo que espantaba a los pocos pájaros que, tan curiosos como atentos, se habían quedado a observar. 

La abundancia del frutal era tal que, a pesar de tan incontrolado asalto, aún quedaban frutas maduras en las ramas, en el punto ideal para consumirlas. 

Brillaban sus hojas con la luz del sol, la luna, 

o los relámpagos en las gotas siempre brillaban.

III

Resplandecían las lágrimas que seguían cayendo, iluminadas por todas las luces que, siempre, dejaba encendidas-el muy ruin. 

Pero se acabó, ya nunca más dejará estas luces encendidas.

- "No voy a volver a pasar por esto". 

Esta vez- yo quien se va- de puntillas y con todas las luces apagadas. 

IV

Quédense las puertas abiertas de par en par, silbando el viento desde la habitación, por el pasillo, la cocina... a toda velocidad; 

atraviese el viento las estancias de esta casa vacía, de luces apagadas.





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