Creando #3
¡Bip! ¡Bip!
¡¡Bip!! ¡¡Bip!!
¡¡¡Bip!!! ¡¡¡Bip!!!
El sonido irrumpe en la habitación, desagradable y tosco.
La mano, impulsada por el sistema nervioso pero aún somnolienta, alcanza con torpeza el móvil, chocándose con una funda de gafas, una botella de agua y la moneda de 25 pesetas, que cae al suelo rodando.
Finalmente apaga el maldito teléfono, máquina polifacética que ha jubilado para siempre al despertador, la cámara de fotos, el mp3 (y todas sus versiones: mp4, mp5... mpX), el teléfono inmóvil(o fijo), y tanto más.
Retira la sábana y frota los ojos, recién abiertos. Sube la persiana, con ayuda de su simétrica hermana.
Se espabila después de abrir el grifo y mojarse de agua fría para enjuagar la cara.
Ya en la cocina: abrir el gas y apretar, suena un chasquido y el fuego empieza brotar.
Ahora la sartén, con un poco de aceite, y el huevo.
Suena de nuevo el teléfono, 15 minutos después, por si sigues durmiendo.
Y al girarse el cuerpo e impulsar de nuevo un movimiento, la (torpe) mano izquierda golpea el mango. El aceite cae hirviendo y quema la piel de la mano. La yema lo mancha todo de amarillo.
Comentarios
Publicar un comentario