Creando #2



Adán mira con apetito la manzana, deforme y roja. Eva se empeña en hacer compota.
Los años han ido pasando desde el enamoramiento al cariño, y apenas queda complicidad del principio.

Ella le reza a Dios todos los días, cuando Adán se duerme, por que las cosas se arreglen. Rosario en mano, como si de un arma para matar la monotonía se tratase, le pide un milagro.

Para él sus milagros no existen, y quema su ansiedad todas las mañanas en el paseo de La Concha. Como si el sudor, milagroso por ello, fuese a acabar con las frustraciones.




Adán un día conoce a Julieta.
 Y Eva, llorando desconsolada, encuentra en Romeo la paz que Dios no supo darle.

"...y no ceso de fantasear con lo que ha de venir." J.M.

Adán y Eva, San Sebastian, un rosario.

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