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You can have the night

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  El horizonte desde todas esas cimas; me soplaba el viento la melena burbujeante y espumosa.  Subidas y bajadas de cerros, exhausta y enardecida .  Desde los picos -de mis ojos- lágrimas desconsoladas se mezclaban: algazara líquida. En sus fortalezas, ellos y ellas, pretendían mi deleite -con croquetas y todo.  Al final, a penas llegaron a conmoverme. 

"Pues vete de puntillas y apaga las luces"

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I  Los portazos resonaban siempre creando una especie de eco en el pasillo, haciendo retumbar las paredes y titilar las copas en el armario del salón. ¿Cuánta veces habría aguantado la respiración? Después un torrente salado, las lágrimas le cruzaban la cara hasta encharcar el suelo. II En un claro de bosque, bajo el ciruelo que el troll había zarandeado, se oían los gruñidos lascivos, mientras se relamía engullendo toda la fruta que le cabía en su enorme y redonda barriga. Después, con  los labios rezumando almíbar, soltaba un enorme eructo que espantaba a los pocos pájaros que, tan curiosos como atentos, se habían quedado a observar.  La abundancia del frutal era tal que, a pesar de tan incontrolado asalto, aún quedaban frutas maduras en las ramas, en el punto ideal para consumirlas.  Brillaban sus hojas con la luz del sol, la luna,  o los relámpagos en las gotas siempre brillaban. III Resplandecían las lágrimas que seguían cayendo, iluminadas por todas las lu...

Ha llegado la primavera

La incertidumbre y la desesperanza son la sombra enorme de un alcornoque centenario. Un árbol majestuoso que está iluminado por un sol tan potente y vibrante como todas las criaturas a las que alberga.  La cara y la cruz, la luz y la sombra, la muerte y la vida. La fortaleza y la debilidad. The dark side of the moon, la luna llena desde La Tierra.  Ha llegado la primavera y todo se prepara para gestar vidas nuevas. ¡Menudo festival!  Seguimos flotando en la nada, hacia la nada. Se nutre el suelo de todo lo posible. Te estoy esperando ya, perdona que no me hubiese dado cuenta. 

Inercia

 No voy cuesta abajo pero, sin embargo, está este movimiento inercial que me lleva constante en la misma dirección, con un rozamiento despreciable. En aquel momento, que dejé atrás, elegí este rumbo, lo tomé a conciencia, y cogí el impulso justo que me mantiene ahora en ruta. ¿Debería pararme? Me da un aire especial en la carita, fresco y agradable, me siento yo, en libertad… Pero realmente no sé hasta qué punto estoy eligiendo seguir o, simplemente, no soy capaz de optar por parar y consultar mi brújula interior. “La inercia acabará muriendo, cesará la vibración.  Se irá apagando el movimiento, se disipará el calor.”

Hacia la nada y el todo

Las esquinas de la estancia se iban acercando conforme la expansión avanzaba. Sentía todos los átomos dilatándose y extendiéndose hacia todo a mi alrededor.  Estaba volátil y segura de que, si se hubiese abierto aunque fuese una sola rendija de una ventana, iba a salir disgregada hacia fuera.  Mi cuerpo estaba allí, lo podía ver desde el techo, casi en convulsión- pero paralizado. Respiraba agitado y tenía el corazón latiendo más fuerte y rápido de lo que acostumbraba. A lo largo del esternón, y hacia el estómago, se comprimían unas manos invisibles que transmitían una sensación de insuficiente oxígeno en los pulmones. Los pies tamborileaban de tanto en tanto, casi como tics nerviosos.  La mente en blanco. No podía pensar nada, decir nada, ser nada. Parálisis. Tierra, trágame. Cuerpo, deshazte, y hazte parte de los coloides del suelo.  Déjame ser todo lo posible desde la mínima expresión.  Que de mí crezca la hierba,  que se ponga verde, que me salgan flo...
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 Estuve pensando durante un tiempo que quizás me había equivocado: este no era mi camino. A veces sigo llegando a la misma conclusión, me asaltan las dudas existenciales de siempre y me abruma el absurdo de la vida, de la muerte. La conciencia humana está por encima de nuestra capacidad intelectual. Me explico: casi vislumbramos el sentido -nuestras motivaciones son realmente propias del instinto más profundo de cualquier animal- pero, en sí misma, la conciencia nos convierte en una especie absurda y desconectada de lo natural. Las reglas sociales, las leyes, los convencionalismos y las costumbres, las culturas, son todo un conglomerado añadido que, quizás, no debería existir. Nos contiene, nos calma y nos pone límites, pero también: nos encorseta, nos encierra y nos condena a la más cruel de las realidades. Nuestra capacidad de amar...¡oh! ¡El amor! Otro absurdo que nos tenía preparado la aleatoria lotería de la existencia. Qué fantasía vivir y querer, y ¡qué condena! Me aburre y ...

Bloqueo I

 No soy buena para mantener las relaciones a distancia, a través del móvil o redes sociales. A menudo me desconecto, pierdo el hilo conductor, la cobertura… Me agobia la exigencia de quién no empatiza con mi saturación social, o con mi incapacidad de conectar cuando no tengo ganas.  Porque sí, no tengo ganas de escribirte. No tengo ganas de escucharte o de responder; me genera ansiedad saber que estás al otro lado esperando una respuesta.  Me importas, te lo prometo, me importas. Pero déjame en mi cueva, que apague la luz, que me distraiga de esta realidad, hasta que se me encienda, de nuevo, la luz dentro.  Yo no soy la idea que tienes de mí, yo no vivo para complacer tus necesidades sociales. Oh, lo siento profundamente, pero no soy lo que esperas de mí.  Ojalá serlo, pero hace años que me prometí que no me convertiría nunca más en lo que otra persona necesitase que yo fuese. Que ni si quiera para mí soy quien necesito ser. Que soy como soy, que poco puedo cam...