Bloqueo I
No soy buena para mantener las relaciones a distancia, a través del móvil o redes sociales. A menudo me desconecto, pierdo el hilo conductor, la cobertura…
Me agobia la exigencia de quién no empatiza con mi saturación social, o con mi incapacidad de conectar cuando no tengo ganas.
Porque sí, no tengo ganas de escribirte. No tengo ganas de escucharte o de responder; me genera ansiedad saber que estás al otro lado esperando una respuesta.
Me importas, te lo prometo, me importas. Pero déjame en mi cueva, que apague la luz, que me distraiga de esta realidad, hasta que se me encienda, de nuevo, la luz dentro.
Yo no soy la idea que tienes de mí, yo no vivo para complacer tus necesidades sociales. Oh, lo siento profundamente, pero no soy lo que esperas de mí.
Ojalá serlo, pero hace años que me prometí que no me convertiría nunca más en lo que otra persona necesitase que yo fuese. Que ni si quiera para mí soy quien necesito ser.
Que soy como soy, que poco puedo cambiar y que esto es tal esfuerzo… tal angustia por presión, que no me compensa cambiarlo.
Te prometo, oh, te prometo, que cuando te escriba será cuando pueda, cuando quiera de verdad.
Y si te escribo, y si estoy a mi manera, es que te quiero. Aunque quizás, para ti, no es suficiente. Lo acepto.
No tienes que quedarte, pero es que yo así no puedo.
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