Tengo las manos verdes, fuera llueve y se inunda el paisaje de cielo gris.
No he sido capaz de prepararme para este momento aun sabiendo que llegaría.
Escucho tormenta a lo lejos y veo una golondrina volando al refugio en los establos.

¿Por qué todas las cosas que anhelo se acaban inundando en los primeros días de primavera?

 Tengo las manos verdes, pero no he estado pintando,
hoy no he arrancado hierbas en el huerto ni he quitado mohos de las humedades del techo.

¿Por qué se han ido tan lejos y me han dejado aquí sola?

Sapos y culebras venenosos deben haber teñido mis manos de color verde durante mis noches de insomnio, cuando apenas alcanzaba el sueño.
 Me corroen la envidia, el aburrimiento, la rabia y la pena. Todos estos sentimientos van alimentándose de la piel que cubre mis manos, y viajan por el torrente sanguíneo, desde la punta de los dedos hasta el corazón. Siento cómo en un calambre punzante se bombea desde mi pecho la toxicidad por mi cuerpo, hasta la punta de los dedos de los pies.

Aunque nadie lo vea por dentro soy verde, como una selva. En esta selva las aguas están estancadas, y la vida ha abandonado toda forma sana de ser.

¿Por qué no consigo alcanzar la calma?

No hay esperanza, aunque me pinte las manos de blanco y suplique calma.
He llegado tarde y la lluvia lo inunda todo,
tengo las manos verdes.

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