Proemio I
Llovía mucho fuera, oía el agua correr abajo, en la calle, y los relámpagos iluminaban todo al estallar.
Aún tenía frío, por eso se acercó a la chimenea y dejó que poco a poco el calor invadiese su cuerpo. Si se hubiese observado desde atrás habría podido ver como el vapor salía de su pelo.
-Nos veremos en primavera.
Aún tenía en la mente su sonrisa y sus ojos de la despedida. Ojalá pudiese haberle dicho la verdad: ya no se verían nunca. Pero no fue capaz.
Al día siguiente la casa aún olía a leña, aunque pocas ascuas quedaban entre las cenizas.
En cinco horas estaría volando con destino Madrid, y todo habría quedado atrás.
Agarró la maleta, una vez más, y salió de aquella casa por última vez.
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