La oscuridad del bosque.

- ¿Por qué has venido?

Mi mirada recorrió la estancia: me reconfortaba la mesa redonda y su faldón, donde podía esconder mis nerviosas manos. Había una estantería a la izquierda, llena de libros; los colores cálidos y pastel invitaban a la calma, y aún con éso mis manos sudaban y me golpeaba desde dentro el corazón galopante de ansiedad.

-No sé, supongo que lo necesito, a lo mejor por aburrimiento o por exageración. Quizás en realidad no es necesario, no tenía que haber venido.

No pude decir nada más, me moría de vergüenza y era todo tan ridículo.

Necesitaba sanar, yo lo sabía, llevaba años enferma y no parecía tener fin. Me vinieron a la mente todos los arboles donde había sobrevivido y sufrido. Me gustaba estar en el bosque, una vez me había acostumbrado y había asumido que allí viviría y moriría poco después.

-Es que no puedo dejar de viajar en mi mente, lo echo de menos. Bueno, y qué tiene eso de malo.
Lo que me preocupa es que quiero volver muchas veces, que no consigo readaptarme a vivir en sociedad. No soy feliz aquí, y se suponía que esto era mi salvación, que probablemente de seguir allí a estas alturas ya estaría muerta... ¡Tengo el "Síndrome de Estocomo" !

Y ella se quedó allí parada y en silencio, mirándome con incomodidad desde el otro lado de la habitación y con las manos cruzadas. Aún me atrapa su mirada perdida en la mía y mi discurso, ¿qué es lo le molestaba tanto? ¿Acaso tenía envidia de mi tormento?

-Lo siento, no puedo ayudarte. Quizás deberías regresar, este no es tu sitio, qué esperabas que te dijera.

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